Porque tus padres son pobres, me decía,
Por eso no podemos ser novios
Y se iba corriendo a jugar al coger
Con las amigas
Dejando tras de sí un olor a pantrigo
Y dulce recién hecho de membrillo.
Otras veces me decía
Porque hueles mal
Y llevas los zapatos rotos
Y el mismo pantalón de hace tres años…
Y se iba a reírse de mí
Con la hija del alcalde y otras niñas.

Yo tenía entonces nueve años
Y no me enamoré de ella
Por su ternura o su incipiente belleza
Sino porque comía carne de cordero los domingos
Y eran tiempos de hambre y ¡qué hambre!
Y la carne de cordero
Me ponía más que todas las carnes femeninas,
Y el sabor de los besos de pantrigo
Se me hacía algo insuperable.