El escritor Pedro Jesús Moriche Hermoso ha resultado ganador del VI Certamen de Poesia Marina Alta 2026 (Poetes per la Cultura), en la modalidad de castellano, con su poemario «El Basurero».El certamen, organizado por la Associació Poetes per la Cultura, con sede en Dénia, está dotado con un premio de 500 euros para cada una de sus dos modalidades lingüísticas, castellano y valenciano.

La obra galardonada nos sumerge en la vida nocturna de un recolector de basura que, durante sus recorridos por las calles, descubre entre los desperdicios las miserias, los secretos y las tragedias de la sociedad. Cada contenedor se convierte en un testimonio silencioso de historias marcadas por la soledad, el amor, la enfermedad, la muerte y las desigualdades humanas.

A través de una mirada profundamente social y humana, Moriche Hermoso transforma los objetos desechados en símbolos de memoria, dignidad y abandono, invitando al lector a reflexionar sobre aquello que la sociedad prefiere olvidar.

Con este reconocimiento, «El Basurero» destaca por una propuesta poética que encuentra belleza y humanidad en lo cotidiano, dando voz a las realidades invisibles que permanecen ocultas tras aquello que arrojamos a la basura.

Aquí presentamos 3 poemas.

 

Poemas, de El Basurero

 

Playas

 

Algunas noches recorremos

las Playas de Magaluf

y Palmanova

y vemos los desechos que entran al mar

o que salen llenos de sal

y peces muertos.

 

Restos

y restos de botellas rotas

que no traen mensajes

escritos con papel antiguo

pero que, sin saberlo,

piden socorro desde el vidrio.

 

Entre las hamacas recogemos

las sobras del amor

y de los niños que no fueron;

restos de preservativos usados

como peces transparentes

que se quedaron pegados a la sílice.

 

En las bolsas van entrando vasos

que aún conservan los labios,

pulseras con todo incluido,

chanclas que se quedaron esperando

un pie imposible.

 

Abandonamos la arena

cuando el día asoma en el rostro de buitre

de las gaviotas.

 

Al fondo, los hoteles duermen

con todas las luces encendidas,

como enfermos ricos

que no quieren quedarse a solas.

 

El mar ya se ha cobrado su tributo

cuando el turista clava la primera sombrilla

sobre la herida limpia.

 

Accidente laboral

 

El vidrio no avisa,

te abre la mano

como quien descorre

una cortina roja.

 

También las cuchillas

entran sin permiso al baile,

las agujas

o la última botella

de una fiesta.

 

Mi compañero grita bajo

para que el jefe no sepa

que está herido.

 

Su sangre cae sobre la basura

y nadie sabe

de quién es cada resto.

 

El parte médico dice: corte superficial.

Pero yo he visto la ciudad

entrando por la palma de su mano.

 

Hay que levantar cada bolsa

como si hubiera

una boca dentro.

 

Carnicería

 

Junto a la puerta de la carnicería

laten las bolsas,

un último berrido

atrapado en el plástico.

 

Trepa la grasa

por el papel encerado,

la carne se agarra a la memoria

como si recordara el campo.

 

La sangre oscura se coagula

en el fondo del cubo.

En ella duermen

el hacha y el cuchillo largo.

 

Los clientes pidieron filetes limpios,

huesos que dieron sabor al agua,

carne que creen

que no ha pertenecido a nadie.

 

Nosotros recogemos los tendones,

las cabezas de vaca y de cordero

que miran aún

al dios de la hierba.

 

Una señora se tapa la nariz

cuando cruza la calle.

Nos contempla

como si el olor fuera también nuestro.

 

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